METEOROLOGÍA FOLCLÓRICA
Por Max Mena
El tiempo y su conocimiento ha sido y es preocupación que el hombre arrastra desde toda su existencia. De ello da fe la prolongada historia de la meteorología en la que, junto a observaciones sobre los cambios de la naturaleza, han convivido, también las creencias religiosas, referentes y el oscuro mundo de las supersticiones.
Nuestros campesinos, agricultores, ganaderos y artesanos, han vuelto su vista al cielo esperando de él, no solo respuestas a sus divinas suplicas, sino el vaticinio de cuanto acontece bajo su bóveda. La información buscada en astros y meteoros se ha trascrito a partir de múltiples observaciones: la forma de las nubes, la dirección de los vientos, la configuración, tonalidad, luminosidad del sol, la luna, las estrellas, han sido datos preciosos para completar -junto a otras variables- los pronósticos populares. Desde el rocio a la niebla, pasando por el arco iris o el granizo, han considerado, atendiendo incluso a la hora del día o la época del año en que acontecen. Las expresiones y definiciones que de todo esto se derivan, tales como, El cielo empedrado, El "pelillo de gato", Cayeron “gatos y culebras” y La “virgen se está bañando” son a su vez, un indiscutible tesoro para el dialecto folclórico costarricense.
También se han buscado respuestas en el entorno -animales, plantas, etc y ha hallado abundantes anuncios para su interés. Mas, como una observación conduce a otra, ha descubierto en el sonido y los olores y hasta en su propio cuerpo, noticias para perfilar sus primarias suposiciones.
No queriendo establecer eficacia y veracidad de todo esto, creo que la predicción del tiempo en lo popular es la conjunción de un complejo entramado de interrelaciones del ciudadano común, por medio de intuiciones personales. Todo para la prevención y protección de las difíciles consecuencias originadas por diversos fenómenos atmosféricos interpretando lo incomprensible y por ende catastrófico, que al fin y al cabo se le confiere la ascendencia celestial. Por ello no faltan ruegos, oraciones, conjuros y hasta una larga letanía de amuletos y detentes con los que neutralizar cuanto lo fatal pudiese acontecer.
Retornando a las diferentes formas de pronóstico y analizando sus características, concluimos que se perfilan variadas opciones según que sean a corto, medio o largo plazo. Valga sobre lo primero -como ejemplo de lo inmediato-, el lluvioso vaticinio que trae consigo presenciar desde la mañana el canto desaforado de las yigüirros y canarios; advertir la dirección contraria o la quietud del humo en las cocinas. También es significativo observar que las arañas se afanan en tejer dentro de las casas.
A medio plazo debemos de guiarnos de la memoria y conservar en ella las referencias de lo acontecido este mes, donde se posaron los pájaros, cual fue el árbol que floreció antes de tiempo para que eso nos ayude a predecir los meses siguientes.
Pronosticar a largo plazo es mas difícil y solo algunas personas pueden conjeturar, más por herencia y perseverancia que por gracia o virtud. Nos referimos, genéricamente, a las, canículas, sin olvidarnos de la interpretación de las lunas.
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